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Oasis of Hope Hospital Tine Hagedorn
Cancer de Mama
Olsen, Dinamarca

A los 42 años, en 2001, fui diagnosticada con cáncer de mama. El cáncer resultó positivo a los receptores de estrógeno y progesterona, pero negativo al receptor Her2 (Receptor 2 del factor de crecimiento epidérmico humano). En el momento del diagnóstico, el cáncer se había propagado a muchos nódulos linfáticos axilares de la región. Todo mi ser estaba verdaderamente en contra tanto de la mastectomía radical como de los efectos tóxicos de la quimioterapia, sin embargo, con la confianza que tenían mi hija de diez años, mi esposo y mi familia en casa de que me mantendría viva, no me atreví a decir que no al tratamiento. También, con la capacitación que había recibido en medicina veterinaria había sido entrenada para confiar en la medicina tradicional, y sucumbí a la terapia sin saber que había algunas alternativas y sin tener las agallas para investigarlo, en ese tiempo. Así, aun cuando mi alma fuera sacudida por la desesperación y la desconfianza, sabiendo muy dentro de mí que el tratamiento podría hacerme más mal que bien, dije sí a al régimen completo del tratamiento tradicional: mastectomía, resección axilar, siete sesiones de quimioterapia y 26 días de radiación.

El tratamiento me resultó totalmente devastador. La quimioterapia me hizo mucho mal y la intoxicación de mi cuerpo llegó a un grado extremo. Sólo unos cuantos días antes de la ronda siguiente de quimio me sentí un poco humana. El resto del tiempo me sentí como si tuviera resaca sin dolor de cabeza, sólo que mucho, mucho peor. Sentía como si por mis vasos sanguíneos circulara agua residual en lugar de sangre; estaba muy cansada y había perdido completamente mi energía, y me pareció que no había manera de que este tipo de tratamiento tuviera la posibilidad de hacerme algún bien. Así que al final de la quimioterapia me prometí a mí misma que nunca, nunca más la recibiría de nuevo.
Pensando en retrospectiva, temía más a la quimioterapia que al verdadero cáncer.

La pérdida de mi seno fue también muy difícil. Eso, combinado con la menopausia prematura me hizo cambiar de una mujer más joven en su mejor momento a una de mediana edad, enfrentando todos los cambios naturales por los que atraviesan las mujeres en diez años sólo que demasiado pronto y a la velocidad de unos cuantos años, ayudada por el tratamiento antiestrógeno
(Tamoxifen y más tarde Aromasin). Así que después de que todo el tratamiento terminó por fin y yo pensé “Sí, ahora mi vida normal comienza de nuevo”, me desplomé por completo. Tuve que alejarme del trabajo por seis semanas, y mentalmente caí en lo que se puede llamar síndrome de estrés postraumático, estaba asustada la mayor parte del tiempo, no podía tomar ninguna decisión, no podía estar sola y sentía que me iba a volver loca y que mi personalidad había cambiado. Sin embargo, con el permanente apoyo en especial de mi esposo y de mi madre, y con la necesidad de ser una madre para mi hija, y con una psicoterapeuta muy hábil pude salir, y poco a poco la vida empezó a ser más normal. Mi cuerpo sin embargo nunca se recuperó de la quimioterapia; necesité un par de años antes de sentirme razonablemente recuperada, y la fatiga nunca me abandonó del todo desde entonces.

Y ¿cuál fue el beneficio? En 2004 hubo una recurrencia del cáncer en el músculo pectoral del lado donde se había hecho la mastectomía y metástasis en los nódulos linfáticos alrededor del cuello y en los de la axila contraria. Los nódulos linfáticos axilares fueron retirados quirúrgicamente, pero el tumor del músculo no pudo ser retirado; técnicamente no era posible: todos los doctores me dijeron que tenía que recibir quimioterapia de nuevo. Y con toda la fuerza de mi ser interior dije ¡NO, NO, NO, no me someteré a ella!

Esto es lo que pasó cuando empecé a buscar alternativas. Intenté muchas cosas diversas por todo un año, entre ellas los llamados gluconutrientes, que me pusieron en contacto ―no por coincidencia ni por poderes superiores, estoy segura―, con una clínica alternativa de cáncer británica que utiliza una llamada “terapia metabólica” que incluía tabletas de amigdalina (B-17) de México y también el libro Dismantling Cancer, [que en español se publicó con el título de Venciendo el cáncer], escrito por el Dr. Francisco Contreras del Hospital Oasis of Hope. Tan pronto como leí ese libro supe “es aquí donde iré si las cosas se ponen muy mal”. Y se pusieron. Recibí un tratamiento de tres meses en la clínica británica y el tumor, de hecho, dejó de crecer. Sin embargo, las tabletas de amigdalina me produjeron tantas náuseas que tuve que dejar de tomarlas. Unos cuantos meses después el tumor había crecido a 4x6 cm y también tenía numerosos pequeños tumores cutáneos.

Fue entonces cuando una noche estando mi esposo en la cama me dijo: “Ahora es el momento en el que de verdad tenemos que hacer algo serio al respecto”. Fue cuando telefoneé al Hospital Oasis of Hope, y hablé con el doctor mexicano más amable y compasivo que he conocido, quien me dijo: “Sí, la podemos ayudar y en verdad tenemos mejores resultados que la terapia tradicional”. Me emocioné. En mi país dos oncólogos de alto rango me habían dicho, cada uno por su lado, que no podían curarme. Podían ofrecerme quimioterapia intermitente y era posible que me mantuvieran viva por diez años. Diez años con quimioterapia de vez en cuando: NO GRACIAS.

Así que en verano del 2005, mi esposo y yo acordamos una visita al Hospital Oasis of Hope para una terapia de tres meses seguida de un tratamiento en casa, el famoso tratamiento TMO (Terapia Metabólica con Oxigenación). En el Hospital Oasis of
Hope, sin embargo, los doctores examinaron de cerca mi caso y me ofrecieron su logro más reciente: el programa de terapia IRT, el cual es una combinación de terapia tradicional (quimio) y medicina alternativa. Al principio la noticia me impactó y estaba muy, muy asustada. ¡No había viajado hasta México para recibir quimioterapia! Sin embargo, el Dr. Contreras, el Dr. Barroso y el Dr. Ceceña hicieron todo lo que pudieron para persuadirme pues habían visto resultados asombrosos con la terapia IRT.

Y para mi incredulidad, me dijeron que podían no sólo mejorar los resultados de la quimioterapia, sino también proteger mi cuerpo de los efectos tóxicos de la quimio. Para ilustrar esto se me permitió ver a otro paciente, quien estaba recibiendo la terapia IRT en ese preciso momento. A este paciente se le había diagnosticado como incurable en los Estados Unidos, entre otras cosas, con varios tumores grandes en los pulmones. La terapia IRT había, hasta el momento, hecho desaparecer tres de los cinco grandes tumores de sus pulmones al cabo de sólo dos rondas de tratamiento y él había experimentado apenas algunos efectos secundarios.

Así que dije sí, y a medida que esto daba resultado, esta fue mi suerte: Había yo viajado al otro lado del mundo para estar entre algunos de los primeros pacientes que recibían un nuevo tratamiento revolucionario. Y los resultados fueron asombrosamente benéficos para mí: Los varios tumores pequeños que tenía en la piel desaparecieron casi literalmente ante mis ojos. Y después de sólo dos series de terapia IRT mi tumor más grande se había reducido ¡más del 70%! y después de cinco terapias todo el cáncer había desaparecido y desde entonces no ha habido señales de cáncer de mama en mi cuerpo, de lo cual hace casi tres años y medio. Desafortunadamente, el cáncer de mama no fue el único cáncer con el que fui desafiada.

Unos meses antes de que viajara al Hospital Oasis of Hope, mi ginecóloga había visto un quiste en uno de mis ovarios, el cual debía de ser removido quirúrgicamente. Sin embargo, no pude enfrentarme a esto por encima del cáncer de mama, así que decidí esperar. Un año más tarde, después de haber terminado con mi tratamiento en el Hospital Oasis of Hope, me hice retirar los ovarios y resultó que había un nuevo cáncer primario (independiente de mi cáncer de mama), un cáncer de ovario muy agresivo. Sin embargo, el cáncer estaba sólo en la etapa I y no se había propagado a ningún lado. Por supuesto que me pregunté cómo podía ser posible desarrollar otro cáncer, mientras recibía un tratamiento por demás eficiente en el Hospital Oasis of Hope. Esa pregunta nunca será respondida, pero hoy todavía creo en que es posible que el tratamiento haya impedido que el cáncer de ovario se propagara lo suficiente para ser un evidente carcinoma celular muy agresivo.

De cualquier manera, los doctores daneses recomendaron quimioterapia postoperatoria para el cáncer de ovario. Así que en 2006 recibí otras seis series de terapia IRT en el Hospital Oasis of Hope. Hoy, dos años después, no hay señales de cáncer de ovario en ninguna parte de mi persona.

Desparecer el cáncer de mama no fue lo único que hizo por mí el Hospital Oasis of Hope: Después de las primeras tres semanas de tratamiento y de toda la atención y tiernos cuidados que son tan únicos en el Hospital Oasis of Hope, me sentí mejor de lo que había estado en años. No sólo hubo efectos secundarios menores de la quimio, sino que toda mi salud, tanto física, como mental y espiritual mejoró enormemente. El programa en el Hospital Oasis of Hope no sólo incluye el tratamiento de cáncer de vanguardia, sino que es también un verdadero programa de tratamiento integral, el cual da a los pacientes fortaleza inmunológica, psicológica y espiritual y les enseña cómo recobrar la salud total y cómo enfrentar el cáncer mediante dieta apropiada, conocimiento, risa, esperanza, amor y oración.

El Hospital Oasis of Hope no sólo ha salvado mi vida, también la cambió. Ahora vivo una vida mucho mejor; más saludable en todos los niveles, física, mental y espiritualmente. El Hospital Oasis of Hope con su personal capacitado y dedicado es un verdadero canal para que se manifiesten los poderes divinos, estoy segura.

Mi esposo y yo también hemos encontrado amigos para toda la vida y de todas partes del mundo en el Hospital Oasis of Hope. Sin mencionar a los doctores: ¿Dónde encuentra usted en el mundo de cinco a siete médicos que entran juntos a su cuarto de hospital, lo saludan con amplias sonrisas y abrazos, y todos ellos tienen presente quién es usted y cuál es su caso y se consagran con toda su persona a usted y no sólo al tratamiento y al tumor! ¿Y dónde más recibirá usted llamadas telefónicas hasta cinco años después del tratamiento por parte de una comprensiva mujer mexicana, quien dispondrá todo para que usted hable con su doctor favorito en caso de que tenga alguna pregunta…?

A cualquier paciente de cáncer que lea esto puedo decirle sólo: si usted tiene la fortaleza y los medios económicos, no dude en ir al Hospital Oasis of Hope. No reciba primero terapia tradicional, no espere y vea, sólo vaya allí.

Me siento verdaderamente agradecida y afortunada de haber encontrado y venido al Hospital Oasis of Hope, y estoy convencida de que los doctores en el Hospital Oasis of Hope me salvaron la vida. Dios los bendiga a todos.

Tine Hagedorn
Dinamarca


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